Manuel Correa: la memoria también en las tangentes

A principios de 2018 escuché por primera vez que el gobierno español se estaba proponiendo exhumar la momia de Francisco Franco, aunque en este momento yo ni sabía bien que era el Valle de los Caídos, esta exhumación me llamó mucho la atención (me recordó -erróneamente- a la exhumación de Simón Bolívar y los Héroes de la Independencia Mexicana que sucedieron hace una década) y me dediqué a investigar el tema con seriedad. Pronto entendí que la exhumación del dictador era un “pañito de agua tibia”, que no lograba resolver el problema más grave del Valle de los Caídos: el antiguo mausoleo del dictador es posiblemente la fosa común más grande del mundo, y contiene restos de muchísimas víctimas asesinadas por el bando nacional. Cuatrocientas noventa y un fosas comunes de toda la geografía española fueron trasladadas al Valle de los Caídos, muchas sin consentimiento ni conocimiento de los familiares. Como Colombiano, este tema me resultó desafortunadamente familiar: hace años trabajé el tema de la desaparición forzada en Colombia para el documental La Forma del Presente  y me puse a la tarea de conocer a las víctimas que buscan la exhumación de sus familiares del Valle de los Caídos. 

 

Todo el documental surgió de manera muy natural y orgánica, casi que por casualidad: El 14 de diciembre fui a Madrid con mi amigo y productor Emil Olsen y conocimos a Silvia Navarro-Pablo, presidenta de la Asociación de Familiares pro-exhumación de Republicanos del Valle de los Caídos (AFPERV), quien sugirió que también hablaremos con otros miembros de su asociación: Iñigo Jaca en Guipúzcoa y con Mercedes Abril en Valladolid. Iñigo Jaca nos invitó luego a un acto de reconocimiento en el parlamento de Navarra, que aparece en Cuatrocientas Tumbas Inquietas. A todos lados llevaba un cuaderno y mi teléfono celular, en ambos anotaba pequeñas notas, preguntas e inquietudes que iba resolviendo y trabajando. Cuando me surgen preguntas, suelo hacerlas…Hasta el día de hoy pienso que la herramienta de investigación más importante que tengo son mis conversaciones por WhatsApp con Silvia Navarro-Pablo.

En las bitácoras junto al material de trabajo, dibujos del encuadre o diagramas conceptuales suelo escribir recetas, o cosas que leo o escucho, son relativamente desordenados, pero para mi es importante que tomen de esta forma: son documentos de experiencia que puedo revisitar más adelante.  No me gusta hacer películas o trabajos muy estructurados, con un arco narrativo rígido, prefiero la naturalidad de la divagación y las tangentes. 

Emil Olsen y yo regresamos a España muchas veces a realizar la investigación para un documental más extenso en cual estamos trabajando aún, y en estos viajes compartimos muchas vivencias con los miembros de AFPERV y filmamos algunas de sus historias. Teníamos pensado firmar el documental entre Marzo y Julio de 2020, pero la coyuntura del Covid19 hizo que esto no fuese posible, por razones logísticas terminé pasando el confinamiento en Colombia y Emil en Noruega. 

 

Luego de estar algunos meses trabajando en otros proyectos, recibí un correo de Marina Otero Verzier, directora de investigación del Het Nieuwe Instituut en Rotterdam. En el correo Marina me preguntaba si tendría suficiente material para hacer un cortometraje documental acerca del tema yo le respondí que sí, e inmediatamente le pregunté a Silvia Navarro-Pablo si esto le parecía pertinente. Una vez Silvia aprobó, me puse manos a la obra, buscando hacer una pieza que pudiese ser útil para AFPERV. Fueron casi dos meses de trabajo con pocas pausas, y no lograba decidir al principio si esta pieza debería llevar narración o no, o si debería llevar más textos en pantalla, o si sería bueno incluir más o menos testimonios. Al final opté por tener una narración y que el texto fuese basado en análisis explicativo y material teórico sobre la desaparición forzada.

Durante el proceso de edición, le envié dos o tres versiones a Silvia Navarro-Pablo, y ella me enviaba sus consideraciones o correcciones, fue siempre un proceso de escribir, corregir, borrar, quitar, poner. De este diálogo constante fue surgiendo Cuatrocientas Tumbas Inquietas

 

 

 

Manuel Correa nació en Medellín, Colombia en 1991. Correa tiene un MA en Arquitectura de la Investigación de Goldsmiths, Universidad de Londres. Trabajó como parte del equipo de Forensic Architecture en Londres. Es director de tres largometrajes documentales: #Artoffline (2015), La Forma del Presente (2018) y El Antropólogo, la Bruja y el Cráneo en el Pozo (2021). El trabajo de Correa como artista y documentalista le ha llevado a presentar sus obras en lugares como el Rotterdam International Film Festival, el Museo Tamayo en México, Presentation House Gallery en Canadá, La Universidad de Copenhagen, El Museo de Arte Moderno de Medellín, La 8va Bienal de Escultura Noruega, e-flux Architecture, Het Nieuwe Instituut en Holanda y el festival de cine documental de DOK Leipzig, entre otros. La obra de Correa se centra en la desaparición forzada y la reconstrucción de la memoria en las sociedades en post-conflicto. 

 

 

 

Ana Flecha Marco: escribir como empezar una y otra vez

 

Cuando acabo de escribir un libro, me sobreviene una especie de amnesia absurda: no entiendo muy bien cómo ha podido ocurrir. Se podría decir que a medida que el libro crece y toma forma va desapareciendo el recuerdo de cómo empezó todo, de dónde salieron todas esas páginas llenas de texto. El proceso es lento, claro, pero cuando ya he terminado de escribir llego a creerme que el libro estaba allí antes, que la idea, la trama y los personajes existían desde el principio, que sus voces me hablaban claras y que lo único que tuve que hacer yo fue escribir sus palabras por el mismo orden que ocupan ahora. 

La realidad, evidentemente, es otra. Los libros que he escrito, los he escrito yo, y en el proceso, aunque felizmente se me olvide, he sufrido, he esbozado, he pensado, he borrado, he escrito y he reescrito; también he llenado el escritorio, el de madera, de hojas sueltas llenas de notas y dibujos; de cuadernos que siempre llevo conmigo aunque rara vez los uso en público; de libros que han escrito otras personas; de tazas que alguna vez estuvieron llenas. De los cuadernos y los apuntes rescato ideas que exploro después y me asombro ante otras que ya no sé de dónde surgieron y cuyo significado, si alguna vez lo tuvieron, se ha borrado de mi mente. 

El otro escritorio, el virtual, lo tapo con un navegador lleno de pestañas, una de ellas de Pinterest, donde guardo imágenes que me acercan adonde quiero llegar. Encima de todo eso, está el documento en el que escribo, que se nutre de lo escrito en otros documentos de los que recorto y pego fragmentos que después recoloco en esta nueva hoja que los alberga. De Mancha conservo tres principios distintos. De Historia de Ø, más de cinco, con sus respectivas líneas narrativas, algunas tan diferentes que darían pie a un nuevo libro, si no me hubiera aburrido de él antes de darle una oportunidad. Edito y desecho antes de escribir. Escribo y sigo recortando después. Muchas veces me preguntan por qué escribo libros tan cortos. Y yo lo que querría es escribir menos a la primera.

A la escritura de Historia de Ø se le cruzó un viaje al norte del mundo, a una isla que ya conocía en verano, pero no en invierno, y allí me encontré con paisajes que ya había escrito, con objetos que estaba buscando, con personas que me contaron historias que se asoman en la novela y con un par de armiños.

 

Ana Flecha Marco (1986) traduce libros y hojas sueltas del noruego, inglés y francés al castellano, es intérprete de enlace y de conferencias y escribe e ilustra libros y artículos. Los días de asueto canta jotas en Ajuar, duerme mucho y a veces sale a la calle. Ha publicado dos libros, que en realidad son tres: Piso compartido (Bombas para Desayunar, 2018) y Dos novelitas nórdicas (Mr. Griffin, 2019). Habla de libros, cultura y curiosidades de los países nórdicos con Neila García Salgado en sydvaest.

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