María Sotomayor: regresar a lo escrito

Escribir, desentramar.

No sería curioso decir que de pequeña todo lo escribía a mano. Lo curioso igual es decir que ahora con la inmediatez que nos otorga un ordenador lo sigo haciendo a mano, es curioso porque hay gente a la que esto le suena a hueso enterrado, a mamut, a prehistoria; escribir a mano ¡qué lentitud!

En mi caso todo empieza tejiéndose dentro de la cabeza, donde las “cosas” irremediablemente ocurren de manera distinta que afuera. Cada libro, cada texto, cada imagen, cada día. “Hay nubes grises a punto de romperse en lluvia”, pienso, y lo escribo porque igual el día era claro y yo lo sentí así, y lo escribo o lo pinto para que lento más tarde, me hable, porque siempre se vuelve a lo escrito. Siempre se vuelve a lo escrito.

El tiempo es fugaz por lo que me apresuro en anotar toda la observancia* para no olvidar: un diario de la memoria. A veces el soporte es lo de menos: una servilleta, un cuaderno, una hoja, pero anotarlo para no desvirtuar el momento justo en el que he querido escribir, ese momento en el que he empezado a crear posiblemente sin darme cuenta.

Escribir a mano me da libertad, sentido y compromiso para que la escritura sea más pura. Me hace más exigente posiblemente porque los fallos son más visibles, la errata es más palpable, los tachones nuestra propia crítica. Para mí es sin duda el mejor momento del proceso, el momento de la intuición.

Hay veces que un libro se está gestando sin que me darme cuenta, otras el libro es totalmente premeditado, pero en ambos casos todo lo escribo a mano, aunque después el formato cambie, mute, se adapte irremediablemente a una pantalla.

Cuadernos de Nieve antigua (2013-2016)

 

En el caso de “Nieve antigua” lo primero que escribí fue una pintura/collage, ello trajo una reflexión, y la reflexión empezó el poema. 

poema I: Las mujeres de la tierra

Para este libro usé tanto dibujos, fotografías, como notas a las que recurría para ser más fiel al sentimiento que me había provocado la imagen, o la sensación que había dado comienzo al poema.

Hay poemas del libro que están escritos detrás de fotografías que justamente hice en pleno proceso, cuando quería tener todas las imágenes y recordármelas.

la última nevada  (Sierra de Madrid)

la segunda parte del libro está compuesta por una serie de fotografías realizadas entre 2013 y 2015 

Cuando Nieve antigua ya estaba escrito en un cuaderno, decidí volver a escribirlo en otro para hacer ahí las correcciones, de alguna manera quería mantener intacta la primera versión del libro. Romanticismo o capricho, yo digo que fue la propia libertad del libro y así lo celebro y así hay veces que lo sigo escribiendo, porque a decir verdad nunca se termina de corregir un libro aunque el libro ya esté en otras manos y con el cabello crecido.

 

Poema I. Las mujeres de la tierra

 

*observancia: se escribe lo que se ve.

María Sotomayor nació en Madrid en 1982. Ha publicado los libros Estoy gritando, me conocí de esa manera (Canalla, 2013; autoedición, 2016), La paciencia de los árboles (Letour1987, 2015), Blanco y negro es animal (Ejemplar único, 2016) y Nieve antigua (IX Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena”; La Bella Varsovia, 2017). Es coeditora de Harpo Libros y actualmente acaba de abrir su propia librería en Madrid “La Semillera”.

Jorge Carrión: literatura entre mapas

El proceso de investigación y de escritura de Barcelona. Libro de los pasajes fue doble y un tanto esquizofrénico: físico y tradicional durante el día; totalmente virtual por las noches. Viajaba por la ciudad con una guía urbana donde tenía localizados todos los pasajes y con un diario donde iba anotando, en cafés y parques, lo que iba viendo, resúmenes de conversaciones que iba teniendo, ideas sueltas. Cuando volvía a casa, descargaba en el ordenador todas las fotografías que había hecho y buscaba en Google y en las hemerotecas digitales información sobre los pasajes que había visitado aquel día y sobre los que visitaría al día siguiente. De esa manera iban creciendo en paralelo el archivo en papel y el archivo informático.

Ahora me doy cuenta de que el libro más importante durante todos esos años no fue mi cuaderno ni el Proyecto de los pasajes de Walter Benjamin, ni Las ciudades invisibles de Italo Calvino, ni Delirio de Nueva York de Rem Koolhas, ni las enciclopedias sobre Barcelona, ni la hemeroteca entera de La Vanguardia, sino esa guía urbana que compré en un quiosco (y que por casualidad fue publicada por una editorial con sede en un pasaje). En ella estaba, visible, la cartografía de mi libro; y, oculta, su arquitectura.

Jorge Carrión es escritor, crítico cultural y director del Máster en Creación Literaria de la BSM-UPF de Barcelona. Sus últimos libros publicados son las novelas Los muertosLos huérfanos y Los turistas (Galaxia Gutenberg, 2014-2015); y los ensayos narrativos Librerías (Anagrama, 2013) y Barcelona. Libro de los pasajes (Galaxia Gutenberg, 2017).

www.jorgecarrion.me